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¿Por qué aún no se crea una vacuna para prevenir el COVID-19?



Durante las últimas semanas, hemos vivido un escenario que pareciera ser sacado de alguna película de Hollywood.


Una pandemia a nivel mundial está causando que cientos de personas estén infectadas con el coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad por COVID-19, produciendo síntomas leves, como, dolor de garganta, tos, y fiebre.


En casos más graves, puede provocar dificultades respiratorias e incluso la muerte.


Cabe destacar, que alrededor del 80% de las personas se recupera de la enfermedad sin la necesidad de realizar algún tratamiento especial.[1]


Con la finalidad de disminuir el número de contagios y evitar un colapso en los centros de salud, se cerraron los establecimientos educacionales, se cancelaron vuelos, se cerraron las fronteras de los países y se recomendó hacer cuarentena, en algunos lugares, de forma voluntaria y/o obligatoria.


Probablemente, nunca nos habíamos imaginado vivir una situación así y solo pensábamos que este tipo de pandemias ocurría en el pasado, algo que aprendíamos en los libros de historia en el colegio.


Por esta razón, muchas personas se han preguntado, ¿Cómo puede ser que aún no contemos con una vacuna para prevenir el COVID-19 con todo el conocimiento científico, profesionales en el área e infraestructura que tenemos actualmente a nivel mundial?,

¿Será que los científicos y las científicas no han podido descifrar el virus?


Para poder resolver estas preguntas, es importante entender el proceso del desarrollo de una vacuna.


Encontrar una vacuna para un nuevo patógeno, en este caso un coronavirus, no es simple, se requiere de ciertas etapas para el desarrollo de ésta y cada una exige un cierto tiempo. Además, se debe considerar la inversión y la aprobación de regulaciones técnicas y éticas.


De acuerdo a la CDC: Centros para el control y prevención de enfermedades de Estados Unidos (The Centers for Disease Control and Prevention, en inglés), existen 6 etapas para desarrollar, testear y aprobar una vacuna. [2]



1.Etapa exploratoria


Se debe identificar el patógeno que causa la enfermedad, en este caso el virus, y que respuesta inmune se necesita para neutralizarlo.


Luego, se caracteriza el patógeno y se secuencia el genoma del virus. Esto revela la secuencia de los nucleótidos en un gen, al igual que las letras del alfabeto de las palabras[3].


Entendiendo como el virus funciona, se buscan componentes virales (partes del virus o el virus debilitado) que se puedan usar como objetivo para que nuestro sistema inmune pueda reconocerlo.


2.Etapa pre-clinica


En esta etapa, se realizan pruebas en cultivos celulares y luego, se realizan pruebas en animales, para evaluar si la vacuna funciona y si es segura para utilizarla en mamíferos.


3.Desarrollo clínico


Se debe enviar una postulación para el nuevo fármaco o vacuna que se está desarrollando, resumiendo como fue creada y testeada. Una vez aprobado, pasa a la prueba en humanos:


  • Fase I: Se prueba la potencial vacuna en un grupo menor a 100 personas, con la finalidad de determinar si es segura y las respuestas que pueda provocar en los individuos

  • Fase II: Se prueba la potencial vacuna con un número mayor de personas para tener más información como, por ejemplo, inmunogenicidad y dosis

  • Fase III: Puede incluir miles de individuos y la finalidad es medir la seguridad, evaluar si aparecen efectos secundarios y analizar la efectividad de la vacuna candidata.

4.Revisión regulatoria y aprobación


Si la vacuna pasa por las 3 fases del desarrollo clínico, se puede presentar una solicitud de licencia.


5.Fabricación


Los principales fabricantes de medicamentos proporcionan la infraestructura, personal y equipos necesarios para producir las vacunas a gran escala.


6.Control de calidad


Se debe cumplir con procedimientos que permitan rastrear si una vacuna funciona según lo esperado. También, se pueden incluir estudios clínicos de fase IV. La finalidad es poder monitorear el desempeño, seguridad y efectividad de la vacuna aprobada.


Considerando estas etapas, se puede entender porqué toma tiempo desarrollar una vacuna y poder contar con una dentro de los próximos 18 meses, sería todo un record.


Cabe destacar que la comunidad científica ha trabajado en conjunto como nunca antes.

Por esta razón, y mientras no contemos con una vacuna, debemos seguir manteniendo las medidas de higiene recomendadas como el lavado de mano constante, mantener distancia entre las personas, evitar estar en lugares conglomerados y si es posible, quedarse en la casa y salir, solo si es necesario.


Debemos aprender a ser responsables, empáticos y solidarios. Quizás esta pandemia nos ayudará a reflexionar, a ser más humanos, sencillos, cambiar nuestros hábitos de consumo y valorar cosas que dábamos por sentado.


Dentro de lo positivo, hemos visto como ha disminuido el nivel de polución en distintos lugares del mundo y hemos permitido que algunas especies de animales vuelvan a su hábitat natural.


Este periodo, nos enseñará a ser resilientes, flexibles y adaptables a los cambios. Desafiando el status quo de nuestro pensamiento y comportamiento como seres humanos.


[1] https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/q-a-coronaviruses#:~:text=sintomas

[2] https://www.cdc.gov/vaccines/basics/test-approve.html

[3] https://espanol.cdc.gov/enes/flu/about/professionals/genetic-characterization.htm


Columnista Romina Paillao, Biotecnóloga, Subdirectora de proyectos – Allbiotech.Asistente de investigación – Universidad Andrés Bello y Voluntaria de Ingeniosas.

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